Clase 5, Curso CLACSO: La doctrina liberal constitucional clásica en América Latina: El caso Argentino.

Nota. En las próximas semanas escribiré mis notas de clase para el seminario virtual del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) que dictaré sobre lucha política y estrategia constitucional. Las notas de esta entrega no están editadas, así que apreciaría sus comentarios sobre el particular. Esta es la quinta entrega.

Esta clase presenta cómo los modelos constitucionales clásicos fueron recibidos en América Latina, y en el caso argentino, cómo fueron interpretados para su aplicación.

Argentina es un caso excepcional en la región: contrario a los demás países del continente, fue un país que importó las ideas liberales de una manera singular, si bien apegada a su tenor literal. Así, Gómez-Martínez usa a Sarmiento, una de las figuras más importantes de esta época, como muestra de un “desarraigo” latinoamericano, muestra del intelectual élite de la región que reniega las particularidades de su tierra, y anhela la importación acrítica de las ideas liberales de ultramar. Es visible el contraste con Bolívar, quien a pesar de ser un intelectual de la misma o incluso mayor talla, tenía un proyecto específico para las naciones de la región - podemos tener puntos divergentes si tal proyecto era viable, o incluso deseable, pero al menos Bolívar refleja la alternativa del intelectual que en vez de importar ideas, desea crear nuevos paradigmas para el desarrollo social y político de la región.

Esto no quiere decir que Sarmiento no tuviera razón en buscar nuevas fuentes de inspiración. Su “Facundo” pretendía ser una versión latina de la obra de Tocqueville, y criticar lo que consideraba la visión salvaje de la política de la región, producto del mestizaje, y las influencias de parajes y razas que consideraba inferiores. Tocqueville no llego a tales extremos, producto de su singular carácter pero existen muestras de la Democracia en América que demuestran el elitismo del célebre aristócrata francés. No existe apología para el racismo de Sarmiento, pero existen ideas que son rescatables, y a la luz de obra de Alberdi, quien sistematizaría estas ideas en un cúmulo de principios constitucionales que aparecerían en la Constitución de 1853, ayudan a entender cuáles fueron las fuerzas que motivarían la belle epoque argentina.

Concretamente, creo que existen dos puntos rescatables en Facundo: el primero radica en su análisis de cómo surge el caudillo latinoamericano, y de sus influencias formativas. En efecto, el caudillismo (o la aparición de liderazgos personalistas) en América Latina es un fenómeno persistente, pero esto no quiere decir que la región sea singular.

Existen caudillos en todas partes del mundo, pero lo que hace al caudillo latinoamericano un contendor formidable por el poder político es su capacidad de organzación respecto a gobiernos oligárquicos sin mayor interés en crear sistema racional-legales fuertes (aunque no necesariamente eficientes). En otras latitudes, la aparición de sistemas de administración pública fuertes debilitan el poder y la influencia de caudillos, quienes sólo pueden ejercer influencia en nichos residuales. En América Latina, no existen tales grupos de interés, y por ello surgen figuras como Facundo Quiroga, o su sucesor (y enemigo acérrimo de Sarmiento), Juan Manuel de Rosas.

El caudillo generalmente surge de los llanos salvajes, de esas áreas que reciben el oprobio de Sarmiento, y encuadra su visión de la vida - los pasajes más hermosos de Facundo son aquellos que hablan de las influencias del joven Facundo Quiroga quien en los llanos de su estancia aprendió a mandar sin contrapeso, curiosamente lo mismo diría Jon Meacham en su célebre biografía de Thomas Jefferson.

Sin embargo, contrario a las estancias sureñas, la baja densidad demográfica y la falta de mano de obra en tiempos de adversidad curte el carácter anti-democrático del pichón de caudillo. En tales parajes, uno debe sobrevivir por encima de lo difícil del terreno, y esta independencia, que no reconoce supeditación a ley sino al derecho del más fuerte, constituye la única limitación. Es obvio entonces ver cómo una figura formada en medio de una definición tan cruda de poder, al ejercerlo sobre otros, define una política entorno a su figura.

El problema es que tal mecanismo de ejercer el poder no es sostenible. Los liberales clásicos entiendieron que en gobierno no se puede descansar en la legitimidad de las mayorías, o en el estrecho ejercicio del poder a cargo de una minoría, sino en un proceso que garantizase un balance entre estos conflictos por el poder. A eso apuntaba Sarmiento, a la creación de un sistema de leyes por encima de cualquier funcionario.

El segundo punto rescatable es cómo Sarmiento entiende los factores detrás de la organización del poder. Tras su viaje a EEUU, Sarmiento lentamente asumiría una posición menos unitaria (que v. el federalismo, en ese momento significaban poco a nivel ideológico, y más bien representaban etiquetas políticas entre adversarios) pero es importante reconocer que el unitarismo de Sarmiento era producto de su deseo de ver a la urbe (es decir, la capital rioplatense) imponerse al campo y a la pampa argentina. En efecto, sin los ribetes racistas, mucha de la historia de la región giró entorno a la modernización de países a expensas de la econmía agraria. Así, Sarmiento puso mucho énfasis en la educación como un factor para educar a las masas sobre cómo ejercer el poder, y alejarlos de la tentación caudillista. Sin embargo un líder carismático siempre podrá alinear gran parte de la población a un programa que redistribuya a mayorías que, con o sin educación, se sienten desplazadas del poder.

El problema de la doctrina de Sarmiento es que constituye una exploración un tanto superficial entre estas dos dicotomías… fue la falta de un reconocimiento crítico que le impidió ver la aceptación de un sistema liberal hecho a la medida de las élites urbanas argentinas. Más que ser un rechazo al caudillo porque esos caudillos no favorecían el comercio (¿cuál comercio en la pampa?), el caudillo representaba una visión que reñía con el gobierno de las élites urbanas y que descansaba en el poder de grandes masas de campesinos, que en ese momento, eran la mayoría de la población. Así, la legitimidad del caudillo, si bien autocrática, reposaba en el sentir mayoritario (ya fuese real, o incluso imaginado) de la población.

Así, la Constitución de 1853 diseñaría formas de quebrar ese mayoritarismo: por un lado, era necesario aumentar la inmigración para romper la relación entre el caudillo y su base de poder campesina, que se apoyaba en las relaciones paternalistas entre patrón y peón en campo. Favorecer la inmigración (de europeos) diluiría esta relación.

Pero existía otro escollo - el germen del nacionalismo (el vínculo de un individuo con su territorio, y sus demás pobladores) surge en el campo, mientras que la ciudadanía (es decir, el ejercicio de los derechos con respecto a sus pares) es una cuestión urbana. Tocqueville correctamente identificó el gérmen del nacionalismo americano en el campo, y en la independencia del pequeño propietario (quien era un grupo social con un pie en ambas circunstancias). Así, si bien la Constitución de 1853 se enfocó en crear una ciudadanía, lo hizo sin ser fiel a las prescripciones americanas donde para proteger sus derechos no era necesario un catálogo de extenso de derechos, sino establecer una institucionalidad legal con contrapesos explícitos. Por eso vemos que la excesiva fe en el constitucionalismo de la segunda mitad del Siglo XIX (México 1857, Perú 1860, Bolivia 1861, Colombia 1863, Venezuela 1864 y Paraguay 1870) combinó elementos altamente conservadores (la concentración del poder) y liberales (el otorgamiento de derechos, especialmente a quienes poseyeran algún tipo de propiedad), que rápidamente degeneraron en democracias altamente restringidas y débiles.

En ese sentido, quedan algunas interrogantes:

 1. Visto lo anterior ¿acaso el proyecto liberal en América Latina está condenado al fracaso?

Bolívar lo intuyó al siempre apoyar sistemas centralizados fuertes, pero cuyo hiperpresidencialismo no otorgaba garantías de protección al ciudadano, que en ese momento era aquel individuo blanco, varón y con cierta propiedad. ¿Pero acaso está crítica sigue siendo válida con definiciones de ciudadanía más inclusiva?

 2. Sin embargo, ¿es válido trazar las raíces de la prosperidad argentina de la belle epoque a las políticas que inauguró la Constitución de 1853?

Alberdí célebremente diría que “gobernar es poblar” - entre 1869 y 1895 la población argentina casi se duplicó, y para ese entonces, la economía de ese país se convirtió en una de las más prósperas del mundo. Quizás los amigos argentinos puedan dar más luces sobre esta cuestión.

 
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