Clase 6, Curso CLACSO: La crítica marxista del constitucionalismo clásico.

Nota. En las próximas semanas escribiré mis notas de clase para el seminario virtual del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) que dictaré sobre lucha política y estrategia constitucional. Las notas de esta entrega no están editadas, así que apreciaría sus comentarios sobre el particular. Esta es la sexta clase.

El constitucionalismo clásico no se ajustó a un tipo particular de crítica. Los constitucionalistas radicales francesas identificaban la existencia de una supuesta voluntad general que se identificaba con el derecho y la ley, tal como explicamos en la primera clase.

Esta voluntad general, por definición tenía que ser por definición mayoritaría, aunque el aspecto normativo no recaía en una mera cuestión cuantitativa: de acuerdo a Rousseau, esta voluntad es simultáneamente propiedad de la colectividad (a partir de una deliberación racional de sus problemas), y del individuo (que al ser un ente racional, se identifica como parte de aquella). En la medida que tanto la colectividad y el individuo sean racionales, no existe tal tensión y al contrario, existe una identificación de una con respecto a la otra.

Sin embargo, el hilo conductor entre ambas dimensiones es la racionalidad que debe servir de contexto para tales deliberaciones. No obstante, si tal racionalidad no existe, o en su defecto, existe fuera del individuo, entonces tenemos un problema: ¿cómo cohesionar el sistema político en estas circunstancias?

En Marx, la respuesta es sencilla: la racionalidad existe en la historia vista como un proceso, no en sus agentes. A nivel agencial, lo que existe es poder, duro y descarnado, que se convierte en el punto de apoyo sobre el cuál descansa del poder del Estado capitalista.

Los estudiosos de Marx se han preguntado la razón de ser de su tono tan ácido y extenso en la ideología alemana - ¿por qué destinó tanta tinta a la crítica de tres autores que no eran siquiera tan famosos en su momento? Mi respuesta (muy personal) es que criticar (en nuestro caso, a Stirner) servía a Marx como una manera de clarificar sus ideas: contra Stirner, el argumento asume una extraña mezcla de Rousseau. Stirner, partiendo de la tradición hegeliana, pensaba que la democracia era una reconocimiento de una voluntad “dominante” (que era de quien detentaba el poder) , y que el mero reconocimiento de tal voluntad era prueba de la capacidad creadora del individuo, que por ello, era prueba de una voluntad identificada con la dimensión social de la creación.

Marx no compartía tal apreciación - el poder era cuestión material, que dependía de factores que iban más allá de meras tautologías. En Lasalle podemos ver una discusión más sistemática de este argumento.

Para Lasalle, la constitución es la forma a través la cual la ley asume la correlación de fuerzas en una sociedad dada, una fotografía de cómo el poder se distribuye en la sociedad. Como tal, la constitución es un andamiaje institucional que protege los intereses dominantes y desvía el decurso de la política de formas más constructivas.

El problema de ver al Estado y sus leyes básicas meramente como artificios instrumentales es que devalúa la lógica del Estado. En efecto, el fin último de Marx era entender la lógica de la historia a fin de predecir la disolución de aquel - y que en el mejor de los casos, el gobierno en manos del proletariado sería una cuestión transitoria.

Esto acarrea problemas: al no existir diferencia entre política y derecho, algo que parte de supuestos diametralmente opuestos al constitucionalismo clásico, no existe interés en diseñar estrategias constitucionales con fines políticos: es decir, la estrategia constitucional es vista, irónicamente, como una manera de alcanzar y afincar poderes, pero no para proteger derechos una vez que tales grupos llegaran al poder. En un mundo donde las contradicciones sociales fueran resueltas, ¿para qué insistir en instituciones garantistas?

Por eso, Bobbio identifica cinco formas de entender el derecho en Marx: como dominio/instrumento de clase, como ideología, como teoría crítica (emancipativa), como teoría aspiracional hacia un mejor derecho (como justicia) o como una ciencia de legitimación - como ocurrió en el derecho soviético, que no tuvo una aplicación real. Salvo la última (que no encuentro en la obra de Marx, y más bien fue de reciente data y poco útil para nuestros propósitos), las demás sí son formas legítimas de entender el derecho dentro de la teoría marxista.

La obra de Lasalle partió de un análisis de la Prusia de su tiempo, y se encajó en ver el derecho como expresión de dominio de clase. A lo largo de su obra, Marx consideraría el derecho como tal, pero también como una cuestión ideológica y aspiracional casada con los aspectos normativos de la justicia, tal como aparece en su crítica al programa de Gotha y en su explicación entorno a la teoría del valor trabajo.

Eso nos deja el derecho como una teoría crítica de las normas existentes a fin de entender la emancipación social desde visiones normativas. En el caso de América Latina, sería Mariátegui quien expondría esta visión, ciertamente sofisticada del origen del problema constitucional en el marco de diferendos entre unitarios y centralistas.

Si bien Mariátegui parte que la organización constitucional entre federalistas y unitarios era irrelevante, también reconoce que el constitucionalismo como tal no puede proveer una organización efectiva si no existe una resolucion satisfactoria del problema de la tierra y del indio en América Latina. Ambos problemas serán tratados de manera extensiva en su libro, y no nos corresponde profundizar en ambos: lo que sí es motivo de discusión es que contrario a los demás autores, Mariátegui reconoce que abordar las raíces (en su mayoría económicas) del problema del indio y de la tierra es resolver esta disyuntiva - así, generaciones posteriores entenderán que esta resolución política, más que apoyarse en reformas económicas producto de una movilización social general, deben apoyarse en una movilización social legitimada en una estrategia constitucional para romper aquellas estructuras. Sólo así, tendrá una descentralización efectiva, orgánica y real del poder.

Algunas preguntas para la reflexión:

 ¿Acaso es posible entender la teoría de la justicia en Marx de forma constitucional?

Por ejemplo, una lectura al programa de Gotha indica la forma en qué debería dividirse la plusvalía social entre los miembros de la comunidad - ¿pero acaso tal repartición no debe sentarse en una carta magna? ¿Acaso esta no es la práctica del Estado social de derecho? Por eso ¿acaso esto es una mera cuestión de grado y no de cualidad?

 ¿Acaso la democracia, sea o no expresada por medio de una voluntad general, tiene cabida en las leyes de racionalidad histórica?

 
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