Clase 2, Curso CLACSO: Los modelos clásicos constitucionales.

Nota. En las próximas semanas escribiré mis notas de clase para el seminario virtual del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) que dictaré sobre lucha política y estrategia constitucional. Las notas de esta entrega no están editadas, así que apreciaría sus comentarios sobre el particular. Esta es la entrega de la segunda semana, sobre los modelos constitucionales clásicos liberales.

Para el constitucionalismo clásico, el diseño de un gobierno debía responder al supuesto que el poder era un atributo que era necesario diluir. En efecto, la definición de un gobierno eficaz implicaba sujetar los órganos del Estado a ciertos límites, sin que estos fueran de naturaleza democrática. Si bien tal gobierno precisaba que los intereses del pueblo estuviesen representados, cómo ocurría tal representación, y que forma asumía tenían carácteres muy distintos a los que hoy suponemos.

Sin embargo, tal gobierno debía responder a un sustrato social que le dotara de legitimidad y sustancia. Alexis de Tocqueville, un noble francés itinerante, ofrecería observaciones muy atinadas respecto al origen de esta desconfianza en el poder político en el temperamento estadounidense.

Muchos autores (a partir de la obra de Charles Beard) arguyeron que la democracia americana fue un pacto de élites. Si bien tal aseveración es cierta, la obra posterior a Beard refutó su perspectiva al abrir el compás de aquellas élites, que eran mucho más diversas de lo pensado. Pero lo más importante aún no radicaba en la identificación de tales élites, sino la distancia entre aquellas y el poblador promedio de los Estados Unidos (es decir, el ciudadano común que entonces comprendía a todos los hombres blancos de ese país). Tocqueville correctamente observa en sus viajes dentro del país que la desigualdad en EEUU era poca (por lo menos dentro de este grupo), y que por tanto, la afición por lo práctico definía el orden del día. Un tema que sigue dando de que hablar (en efecto, todos los días sale un estudio sobre la economía política de la desigualdad), Tocqueville (correctamente, a mi juicio) identificó que diferencias menores en materia de riquezas dentro de una población ofrecía incentivos para diluir el poder (visto que todos se veían con iguales posibilidades llegar al poder).

James Madison y Benjamín Constant ofrecen una interesante discusión sobre los intereses de los distintos grupos sociales. Yendo más allá que Madison, Constant explicaba que los intereres latifundistas tenían mayor incentivos en mantener el orden tradicional, vista la facilidad con la cual era posible expropiar y enajenar sus bienes, mientras que los intereses comerciantes, producto de sus actividades, tenían intereres más apegados al reconocimiento de los derechos individuales. En Estados Unidos, esta distinción se vería en su máxima expresión la disyuntiva política de los intereses de los Estados del Norte y del Sur.

Madison, quien junto a Hamilton y Jay escribiría las piezas de opinión en los periódicos de la época que se convertirían en El Federalista, fue enfático en reconocer que no existe tal cosa como un líder que depusiera intereses propios o de su grupo por aquellos intereses genuinamente públicos. He ahí su discusión respecto al faccionalismo, que en vez de considerar como un problema de la forma repúblicana de gobierno, proponía como una característica que debía aprovecharse a fin de limitar el poder público. Así, un gobierno diseñado de forma tal que institucionalizase esas diferencias faccionales y con ello, diluyera el poder público, impediría que una minoría controlaría una mayoría, o viceversa - en el mejor de los casos, la proliferación de tales facciones, a su vez surgidas a lo largo del proceso de división del trabajo cónsono a toda economía en franco crecimiento.

Un gobierno diseñado de tal forma descontaba el problema de representación, ya que de por sí el objetivo final no era dotar a un gobierno de un mandato cónsono con los deseos del poder constituyente, sino ofrecer un modelo de gobierno que fuera difícil de cooptar como un todo y que fuese mobilizado en beneficio de un grupo en particular. Tal forma de gobierno precisaba poderes que delimitaran restricciones del Estado para con sus ciudadanos, y a lo interno - así, la doctrina de separación de poderes era una condición necesaria pero no suficiente para tal independencia, también se precisaban limitaciones que definieran sus relaciones, y a quién respondían sus actuaciones.

Dos ejemplos: en el Federalista No. 78, (Hamilton) detalla algunas características del Poder Judicial. Sin embargo, contrario a la aceptación anodina de interpretar las leyes, Hamilton añade un componente político - que los jueces no deben responder al Ejecutivo (y por tanto, su posición debe ser vitalicia ¿? para facilitar el desamarre de cualquier vinculación anterior), y una función vigilante. Irónicamente sería Madison (como Secretario de Estado del recién electo Presidente Jefferson) quien sentiría los efectos de esa recomendación cuando el famoso caso Marbury v. Madison le tocaría acatar una serie de nombramientos apresurados que el Presidente saliente firmara, y que la Corte reafirmara como legal a pesar de que fuese ratificada por un enemigo de la administración entrante, el Magistrado Presidente John Marshall.

Constant abordaría este tema de manera más sistemática: en efecto, Constant redactó sus tratados de ciencia política y derecho constitucional como una polémica a la noción de voluntad general de Rousseau - quien identificaba la visión y decisión de esa mayoría como la única interpretación de la voluntad del pueblo - tal como aparece recogido el Artículo 4 de la Constitución Francesa del Año 1 (1793):

“La ley es la expresión libre y solemne de la voluntad general. Ya proteja o castigue, es idéntica para todos. No puede prescribir sino lo que es justo y útil para la sociedad, y no puede prohibir sino lo que perjudica a la misma.”

Así, no existe ley injusta ya que si la ley es reflejo de la voluntad general, y esta voluntad refleja por definición la decisión del pueblo, por tanto, la ley debe ser justa por definición. Por eso, y en atención a los excesos de la Revolución (de la cual Constant fue crítico), él abogaba una Constitución limitada sujeta a las antedichas restricciones en materia de sus poderes.

Preguntas guías:

 1. ¿Existe tensión entre la limitación de poderes y una definición expansiva y democrática del concepto de ciudadanía?

 2. ¿Acaso de la división de poderes es garantía suficiente para un poder limitado?

¿Qué ocurre si la misma élite se reparte estos espacios de poder o logra arreglos para cooperar en beneficio de sus propios intereses?

 
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